Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de
septiembre de 2016 (D. Rafael Sarazá Jimena).
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TERCERO.- Decisión de la Sala. El gravamen
necesario para apelar.
1.- El art. 448.1 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil establece que «[c]ontra las resoluciones de los Tribunales
y Secretarios Judiciales que les afecten desfavorablemente, las partes podrán
interponer los recursos previstos en la Ley».
La afectación desfavorable para la
parte litigante, lo que ha venido en llamarse el «gravamen», constituye un
presupuesto del recurso, que algunas resoluciones de esta Sala han conectado
con la legitimación para recurrir, entendido el término legitimación en un
sentido amplio. De ahí que, respecto del recurso de apelación, el art. 456.1 de
la Ley de Enjuiciamiento Civil prevea que la finalidad de este recurso estriba
en que se revoque el auto o sentencia y que, en su lugar, se dicte otro u otra
favorable al recurrente, y que conforme al art. 461.1 de dicha ley, las demás
partes puedan impugnar la resolución apelada «en lo que le resulte desfavorable».
2.- Es doctrina de esta Sala, recogida
en la sentencia 432/2010, de 29 de julio, que cita otras resoluciones
anteriores, la que afirma que «la posibilidad de interponer recursos y de
combatir una concreta resolución corresponde únicamente a quien ocupa la
posición de parte agraviada o, siendo tercero, le alcancen los efectos de la
cosa juzgada, por lo que es manifiesto que sin gravamen no existe legitimación
para recurrir».
Ese perjuicio ha de ser propio del
recurrente, puesto que, como también afirma dicha sentencia, con cita de otras
resoluciones anteriores, «tampoco viene permitido a un litigante invocar el
perjuicio causado a otro por la decisión de que se trate».
3.- Afirma también la citada sentencia
432/2010 que «[e]n el ámbito del procedimiento civil, como regla, el recurso se
dirige contra el fallo, por lo que el gravamen hay que ponerlo en relación con
el pronunciamiento o parte dispositiva de la sentencia, siendo ya clásica la
sentencia de 7 de julio de 1983: "siendo el recurso un medio que el
ordenamiento concede para impugnar una resolución judicial a la parte que se
estime por ella perjudicada, claro está que constituyendo el interés jurídico
el móvil de la acción procesal, carece de legitimación para interponerlo la
parte a quien la decisión no le haya ocasionado perjuicio alguno, por lo que
resulta inadmisible la apelación de una sentencia por el litigante absuelto
aunque lo haya sido por argumentos distintos a los aducidos por el interesado
-SS. de 4 noviembre 1957, 9 marzo 1961, 27 junio 1967 y 18 abril 1975, entre
otras-, y concretamente que no cabe el recurso interpuesto por el favorecido
con un pronunciamiento absolutorio sobre el fondo, por más que obligadamente
hayan sido rechazadas las excepciones (S. de 14 junio 1951)"».
Pero añade a continuación: «[e]llo,
claro está, sin perjuicio de que, como afirma la referida sentencia número
157/2003, del Tribunal Constitucional: "es perfectamente imaginable la
existencia de supuestos en los que las declaraciones de la resolución judicial,
contenidas en su fundamentación jurídica, generen un perjuicio para el
recurrente, con independencia absoluta del contenido de tal parte
dispositiva", bien que "la determinación, en cada caso concreto, de
si la resolución judicial impugnada causa o no efectivamente un perjuicio al
recurrente, dependerá de las específicas circunstancias presentes en el caso,
debiendo tenerse en cuenta que no toda afectación de carácter negativo o
desfavorable para aquél merecerá necesariamente la consideración de perjuicio a
los efectos que nos ocupan, pudiendo exigirse que tal afectación reúna
determinada intensidad o caracteres"».
4.- Como resumen de lo expuesto, puede
afirmarse que es presupuesto de admisibilidad del recurso en el proceso civil,
y en concreto del recurso de apelación, que la resolución recurrida afecte
desfavorablemente al recurrente, por lo general una parte del proceso aunque
excepcionalmente pueda ser un tercero al que alcancen los efectos de la cosa
juzgada; que ese gravamen ha de ser propio del recurrente, pues no puede
recurrirse por el perjuicio causado a otro; y que, como regla general, el
perjuicio ha de concretarse en la existencia de un pronunciamiento desfavorable
en el fallo o parte dispositiva de la resolución, aunque excepcionalmente pueda
recurrirse cuando las declaraciones contenidas en la fundamentación jurídica de
la resolución generen por sí solas un perjuicio para el recurrente, sin que la
mera disconformidad de la parte con los razonamientos de la resolución
constituya por sí misma un perjuicio.
5.- Entrando en las circunstancias
concurrentes en el caso objeto del recurso, se observa que la impugnación
formulada en el recurso de apelación no se dirigía frente al pronunciamiento
que estimó la excepción de falta de legitimación activa de Sandamendi,
formulada por Banco Santander, que determinó la absolución de este. Tampoco se
dirigía exclusivamente frente a los razonamientos contenidos en la
fundamentación jurídica de la sentencia. Lo que Banco Santander impugnó en el
recurso fue, además del pronunciamiento sobre costas, el pronunciamiento que
"condenaba" a BBVA a «no abonar los avales a primer requerimiento de
30 de enero de 2007 en los que avalaba a la demandante [Sandamendi] frente a
las mercantiles Eiderlantz, S.L. y Eliri Inversiones, S.L.».
Por tanto, las razones expuestas en
la sentencia de la Audiencia Provincial, relativas a que el recurso de
apelación era inadmisible porque no se impugnaba el fallo de la sentencia del
Juzgado de Primera Instancia sino exclusivamente los argumentos contenidos en
la fundamentación jurídica, han de ser rechazados por no ajustarse a la
realidad: Banco Santander impugnó un pronunciamiento de la sentencia del
Juzgado de Primera Instancia, y este pronunciamiento no era el que le absolvía
por carecer el demandante de legitimación activa.
6.- La sentencia del Juzgado de Primera
Instancia reconoció que la estimación de esta pretensión (ordenar a BBVA que no
abonara los avales a primer requerimiento en los que era avalista) causaba un
perjuicio a Banco Santander, a cuyo favor habían sido pignorados los avales.
Afirmaba la sentencia que «[...] la estimación de la pretensión de la actora
tiene como consecuencia impedir que Banco Santander, S.A. pueda reclamar frente
a BBVA, S.A., los derechos que aquella entiende que le confiere la tenencia de
dichos avales».
La sentencia de la Audiencia
Provincial no desvirtúa este argumento, es más, afirma que «[s]e puede entender
y admitir que al Banco de Santander la condena al BBVA le puede perjudicar».
Pero a continuación, rechaza la existencia del gravamen exigido por el art.
448.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil para recurrir porque «los perjuicios
que invoca pueden ser reparados [accionando] frente a quien realmente se los
causa», esto es, Eiderlantz y Eliri, que pignoraron a favor de Banco Santander
unos avales a primer requerimiento que habrían quedado sin eficacia en virtud
de lo acordado en la sentencia.
7.- Este argumento tampoco puede ser
admitido como válido. La posibilidad de que quien resulta perjudicado por una
sentencia judicial pueda intentar posteriormente la reparación de tal perjuicio
accionando contra terceros, no elimina la existencia del gravamen que permite
al afectado desfavorablemente por una sentencia recurrirla. El recurrente
ofrece algún ejemplo en su recurso (el promotor inmobiliario condenado que
puede ejercitar la acción de repetición contra otros agentes de la
edificación), y podrían buscarse otros. La cuestión es que la posibilidad de
una reparación futura, hipotética (depende de que el agraviado venza en el
posterior litigio y que los condenados en este sean solventes), no elimina el
gravamen causado por una condena efectiva y actual y no priva al agraviado del
derecho al recurso.
8.- El supuesto objeto del recurso es
ciertamente peculiar, puesto que el tenor literal del fallo podría llevar al
error de pensar que si se permite a Banco Santander recurrir la sentencia, se
le estaría permitiendo al demandado absuelto recurrir la condena del demandado
condenado, que en este caso se mostró conforme con la demanda. Pero bajo esa
apariencia de "condena" se esconde en realidad una liberación a BBVA,
formalmente condenado, de su obligación de hacer frente a la ejecución de los
avales, y un impedimento para hacer efectivos los derechos de quienes pretendan
ostentar alguno con relación a la ejecución de los avales, que en la práctica
han resultado extinguidos. Esta extinción de la eficacia de los avales a primer
requerimiento tiene efecto de cosa juzgada frente a Banco Santander, que ha
sido parte en el proceso.
Por ello, dado que Banco Santander
afirma tener derecho a ejecutar tales avales frente a BBVA en tanto que los
mismos fueron pignorados a su favor y la "condena" al BBVA supone en
realidad una liberación al mismo de su obligación de hacer frente a la ejecución
de tales avales, liberación que es plenamente eficaz frente a Banco Santander,
existía un gravamen para Banco Santander que le permitía recurrir en apelación
la sentencia del Juzgado de Primera Instancia, sin perjuicio de que haya que
enjuiciar y decidir si su pretensión es o no fundada.
9.- Como ha declarado el Tribunal
Constitucional, una vez que el ordenamiento jurídico ha previsto un concreto
recurso contra determinadas resoluciones judiciales, el derecho a disponer del
citado recurso pasa a formar parte del derecho fundamental a la tutela judicial
efectiva, incorporándose o integrándose en él. Por ello, concurren los
requisitos necesarios para estimar el recurso extraordinario por infracción
procesal y anular el pronunciamiento de la sentencia de la Audiencia Provincial
que desestimó, por inadmisible, el recurso de apelación de Banco Santander
contra el pronunciamiento que "condenó" a BBVA a no abonar los avales
a primer requerimiento, pues se ha infringido el art. 24 de la Constitución.
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